La importancia de ser flexible y estar dispuesto al cambio

La importancia de ser flexible y estar dispuesto al cambio

Charles Darwin, en su famosa teoría evolutiva, sostiene que a lo largo del tiempo no sobreviven los más inteligentes o los más fuertes, sino aquellos que mejor se adaptan a los cambios. Esta teoría, que en un principio se refiere a la fauna, también es extrapolable a las empresas. Hay multitud de empresas centenarias que se mantienen líderes a lo largo del tiempo gracias a saber adaptarse a las nuevas circunstancias del mercado, y también hay casos de empresas mastodónticas que perecieron por no saber adecuarse al cambio.

Sin embargo, en la actualidad no solo es importante ser flexible, pues la creciente tecnología ha hecho que además cobre importancia la velocidad del proceso de adaptación. Para ello es importante analizar el mercado y estar atento a sus tendencias, y disponer de una estructura ágil y dúctil.

Liderar el cambio

No todas las empresas son igual de proclives al cambio. Hay algunas corporaciones que basan su fuerza en su tamaño y su poder, sin darse cuenta que tarde o temprano, si no cambian, quedarán fuera del mercado. Para que una compañía sea flexible al cambio, éste ha de estar insertado en el ADN empresarial. Es muy importante que los altos mandos y los puestos intermedios estén comprometidos con el cambio. Es primordial que la innovación se favorezca desde dentro y se dedique un esfuerzo a que todos los empleados dispongan de una actitud abierta a lo nuevo.

Cambiar a veces no es fácil y suele haber una serie de resistencias que impiden que se produzca con la velocidad o calidad necesaria:

– Desconocimiento. Oposición a aquello que no se conoce. Para evitar tal resistencia la clave está en saber comunicar de forma clara y entendible en qué puntos afectará y los beneficios que se conseguirán.

– Convencimiento de no poder cambiar. En empresas que castigan excesivamente el error, sus empleados se sienten cohibidos de aplicar nuevas innovaciones que pueden dar malos resultados, cuando realmente permanecer inmóvil es el mayor fracaso.

– Confort. Cambiar implica moverse y salir de la zona de confort. Una vez anquilosado en un lugar más o menos cómodo nos cuesta cambiar, aunque sea para mejor. Se hace bueno el refrán de “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Se trata de un error común entre personas poco proactivas.

Superadas estas resistencias naturales, el mayor problema es superar la incertidumbre. Lo nuevo es desconocido y por lo tanto menos seguro que la situación actual. No saber a ciencia exacta qué pasará y no poder predecirlo hará que cierta parte de los trabajadores se pongan en contra. Muchos de ellos pensarán que todo lo nuevo es una suma de trabajo a lo actual, cuando en realidad es una modificación a mejor del desempeño.

Apostar por el cambio y la innovación hace que las empresas sean más competitivas y tengan futuro. Dejar de lado las tendencias del mercado conllevará al fracaso. Hay una serie de resistencias al cambio como son el desconocimiento o no querer salir de la zona de confort que son contraproducentes y aumentan la rigidez empresarial. El mejor modo de eliminar las posibles reticencias es mediante una comunicación fluida y con una implicación de la dirección de apostar por el cambio.

Autor: Alvar Diez Llamazares


Juan Carlos Gómez Moreno

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